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LA FELICIDAD ESTÁ EN LA COSAS DE LOS DEMÁS

October 18, 2018

 

¿Puede acusarse a un ser humano por su lugar de nacimiento?

Ciertamente sería descabellado y totalmente arbitrario.

Sin embargo, los argentinos atribuimos al individuo la responsabilidad de este hecho circunstancial, y desde allí juzgamos su vida.

 

El 7 de octubre de 1930 -en una casa de Barrio Norte- nació Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, quien sería conocido para siempre como Mugica.

Sus padres le brindaron una niñez y una adolescencia sin preocupaciones donde disfrutó de lo que más quería: Racing, el cine y el teatro. Quizás fue ese disfrute el que impidió sospechar su intención de elegir una vida religiosa -que para alegría de su madre- implicaría la renuncia a todos los beneficios de su clase con el único objetivo de evangelizar a los pobres.

 

Quienes lo conocieron argumentan que su forma apasionada de ver la vida se traducía en cada uno de sus actos: rezar, comer, dormir, Racing y sus villeros. Todo era intensamente vivido y muchas veces esa pasión lo llevó a manifestarse a través de gestos políticamente incorrectos y desplantes a políticos que en algún momento supo admirar. Sin embargo, todos coinciden en que a través de Mugica aprendieron verdaderamente lo que significa amar al prójimo.

 

Una profunda preocupación por los habitantes del Barrio Mugica sumada a la confluencia de un signo arquitectónico, dieron inicio a la investigación de Federico Palacios, la cual nos acerca a una forma diferente de mirar las autopistas. Ya no transitándolas, sino desde abajo donde la vida de miles de personas transcurre riesgosamente inadvertida.

Mientras que el uso del concreto y su abstracción dan cuenta del desplazamiento que los habitantes de la Villa 31 han sufrido; las pinturas -una suerte de estudios de imágenes obtenidas a través de fotografías de archivo y documentales- construyen y deconstruyen a un Mugica en busca de sí mismo.

 

Desde mi primera visita al barrio Padre Mugica guardo la imagen de un lateral de la Autopista Illía como sostén de la estructura que contenía un tanque de agua. Pero es cierto que no hubiese advertido esta instalación sino fuese por las flores amarillas que desde la altura observaban impertinentemente la realidad que habita debajo del concreto.

Esas flores son una contradicción y evocan de algún modo una de las contradicciones que más fuertemente se le reclamaba a Mugica: ¿Por qué trabajar tan afanosamente durante el día para los pobres y luego ir a dormir a casa de sus padres?

 

Yo no lo acuso, yo no me atrevería siquiera a faltarle el respeto con un planteo tan poco serio. Porque en el resto de sus actos encuentro la inmensa valentía que ningún otro ha tenido jamás.

 

De hecho, creo casi imposible arribar a una definición justa de su persona a través de las palabras. Por eso es tan relevante acercarnos a las obras que conforman Barrio Mugica. Allí se puede apreciar la convergencia de realidades que no son otra cosa que lo que atraviesa a la historia Argentina: la clase poderosa (a la que pertenecía por nacimiento), la Iglesia Católica (su elección de vida sacerdotal), los más pobres de la sociedad (su trabajo pastoral en las villas) y las convulsiones políticas e ideológicas de cuyos desencuentros finalmente fue víctima fatal.

 

Esas desavenencias provocaron una implícita sentencia de muerte perpetrada la noche del 11 de mayo de 1974, cuando luego de recibir varios disparos de ametralladora en su abdomen y pulmón el Padre Mugica dejó este mundo o como él solía decir al referirse a la muerte, pasó a la plenitud de la vida.

 

Hoy el barrio Padre Mugica es muy diferente del que supo caminar el cura obrero. Pese a que las ironías -y por qué no- perversidades del destino hicieron que su capilla quede fuera del trazado del Barrio 31, Mugica sigue allí. Porque sus contradicciones fueron los signos de un hombre honesto que solo quería construir un mundo mejor. Porque las balas de la ametralladora no pudieron alcanzarlo. Porque a fin de año se recibirá el primer arquitecto nacido en la Villa 31.

 

 

“Entre dos fuegos. Vida y asesinato del padre Mugica.” Martín de Biase, Página 20,Editora Patria Grande, Septiembre 2013

Mugica, el mártir que nunca quiso la violencia ni la lucha armada, Fabián Baez, Infobae, 13 de Mayo de 2017. https://www.infobae.com/opinion/2017/05/13/mugica-el-martir-que-nunca-quiso-la-violencia-ni-la-lucha-armada/

“Será el primer arquitecto de la Villa 31 y sueña con hacer un hospital para sus vecinos” Sociedad, página 50, Diario Clarín, Domingo 14 de octubre de 2018 https://www.clarin.com/sociedad/primer-arquitecto-criado-villa-31-suena-hacer-hospital-vecinos_0_kADklvi8x.html

 

 

 

 

 

 

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