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NODO Buenos Aires

A diferencia de lo que en cualquier otro lugar del mundo sucede, aquí en Argentina los mejores resultados en una exhibición suelen coincidir con una entusiasta gestión independiente. No hay instituciones ni sponsors que puedan alcanzar ni la calidad ni el contenido que por estas latitudes obtienen los artistas en su autogestión.

Hay un diálogo que se reitera permanentemente en todos los rincones del país:

-Gestor Cultural/Artista/Curador: ¿Presupuesto?

-Anfitrión/Dueño del Espacio: “Cero”


Es triste, pero ya nadie espera que el trabajo sea remunerado y ante la imposibilidad de conseguir financiamiento, los artistas, los gestores y los curadores, se unen y se las ingenian en la búsqueda de un modo de colaborar para la concreción de un proyecto.


Tal es el caso de Juan Miceli y Paula Pellejero, quienes decidieron llevar adelante la proyección en Buenos Aires de la 9° Edición del Festival Under The Subway Video Art Night, una convocatoria internacional creada por Antonio Ortuño que desde sus inicios busca expandir su proyección a ciudades de todo el mundo y para ello ha creado una red integrada por artistas/amigos.


Pellejero -quien ha sido responsable de llevar a la pantalla grande el más exhaustivo análisis sobre la vida y obra de Alberto Greco- fue quien recorrió locaciones hasta dar con el espacio ideal. Una casa reciclada con un microcine, salas de exhibición, una librería y un bar que invita a perderse entre café y lectura dentro de su patio. Para la concreción del espacio anfitrión ayudó, sin duda alguna, el espíritu de centro cultural que los dueños de El más acá le inculcan a su espacio.


Con la sede confirmada, solo era cuestión de pensar qué más sumar a la proyección de UTSVAN y ambos artistas se preguntaron si no sería interesante abordar las distintas formas de trabajar la imagen en movimiento.


Fue en ese momento cuando me convocaron para colaborar desde mi mirada curatorial. Les propuse pensar juntos –de acuerdo a los espacios que la hermosa casa de la Avenida Caseros tiene- qué tipo de obras tomarían mejor el lugar y al mismo tiempo cumplieran con la consigna.


Quisimos dar espacio a quienes no lo tienen en esta ciudad y a quienes nos ofrecían con sus propuestas una mirada innovadora. A través de colegas nos embarcamos en una búsqueda que nos abrió nuevas puertas hacia lo que sucede en el territorio nacional y del otro lado del Río de La Plata. Finalmente nos decidimos por Irina Raffo (1982, Motevideo-Uruguay) y Guillermo Marzullo (1974, Madariaga-Buenos Aires).


En “Un gesto de memoria circular” -instalación fotográfica a dos pantallas con video HD loop fade in/out- Raffo representa exquisitamente la presencia fantasmagórica de los recuerdos cuyas imágenes surgen de la oscuridad para volver a ella. Es una experiencia que nos enfrenta con nuestros propios temores y pone a prueba la capacidad de cada espectador de encontrar ante el nuevo ciclo de luz mayores detalles de los que vio previamente.


“Escrituras líquidas” es una instalación de tres videos acompañados por placas de yeso que recogen la huella de la acción, donde Guillermo Marzullo ha registrado su búsqueda sobre los límites que tiene un cuerpo y las memorias que se construyen a partir de esta demarcación, donde hay fracturas y gestos que nos permiten ver el suelo juninense de la costa del Río Salado.

En el camino entre las instalaciones se ubicaba la sala donde los 26 videos seleccionados para UTSVAN se proyectaron permitiendo apreciar las ideas de cada uno de sus creadores en un espacio propio cuya privacidad nos trasladaba a cada uno de los países de origen: Serbia, Brasil, USA, Italia, Tailandia, Colombia, España, Australia, Francia, Austria y Argentina.

Algunos de los videos daban cuenta de un registro performático, como la obra de Sarawut Chutiwongpeti, otros de instancias más cercanas al cine experimental, como la dupla formada por Arielle Knight y Catherine Gund. La obra de Benoit Billotte, un francés residente en Suiza que estuvo en Buenos Aires el año pasado, fue de las más celebradas entre los asistentes, junto con la del colombiano Ricardo Muñoz Izquierdo y la del español Andrés Senra.

Por otra parte, Pablo-Martin Cordoba un argentino residente en Paris, el serbio Milan Zubic y el brasileño Tales Frey sumaron miradas muy agudas en la forma de construir sus obras.

Entre los más jóvenes estuvieron el italiano Lorenzo Papanti, el austríaco Andrej Polukord, la estadounidense Laura Chipley, todos con refrescantes propuestas que sumadas al orden de proyección designado por el creador y curador del Festival propiciaron contrapuntos que mantenían al espectador en estado de alerta.


De regreso en las salas, quedaban dos invitaciones, las de los artistas/organizadores/productores: Paula Pellejero y Juan Miceli.



“Mama”, la video instalación de Paula Pellejero, fue una invitación a viajar a nuestra infancia cuando construíamos casas con sábanas y manteles para sortear la obligada siesta del verano. Pellejero propone el gesto inocente de ingresar a la casa, invitarnos a sentarnos y concentrarnos en la proyección de un video en una pequeña pantalla digital de 10 x 15 cm. Surgen entonces preguntas y más preguntas. Los más valientes no se detuvieron ante respuestas perturbadoras, mientras que aquellos que salieron en silencio del palacio de sábanas de flores y manteles cuadrillé no parecían animarse a poner en palabras las sensaciones que las imágenes les habían provocado.


Aunque la instalación de Pellejero y la de Miceli podrían pasar por lúdicas a simple vista, conservan las preguntas profundas y adultas que ambos artistas siempre se hacen.


“La trampa de la realidad” es una propuesta que reúne tanto el material generado por Miceli con registros 360 como materiales obtenidos a través de colectas abiertas y particularmente los realizados junto a Gonzalo Sierra en el Museo de Ciencias Naturales, el Mercado Municipal de Boedo y el sótano de la Casa Nacional de la Música y la Danza. El espectador pudo recorrer la instalación y a la vez calzarse las gafas para acceder a esos registros que dejaron asombrados a más de uno por la calidad del material y la intensidad de la propuesta.


Y, como señalaba al principio, NODO Buenos Aires se realizó con presupuesto “cero”, pero con la inversión del talento de todos los artistas que han demostrado una vez por qué Oriente es más sabio que Occidente al señalar que no existe el vacío, sino que allí donde no vemos nada está presente la potencialidad del ser.

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