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UN BONITO DIBUJO

August 7, 2019

En su libro “33 artistas en 3 actos” la escritora Sarah Thornton comparte anécdotas y curiosidades recogidas a través de entrevistas y viajes. El primer capítulo ubica a Jeff Koons en Serpentine Gallery en julio de 2009, rememorando la relación que en su infancia mantuvo con su hermana mayor Karen quien lo superaba en todo; y señala: “…Pero un día, Koons hizo un dibujo que sus padres pensaron que revelaba cierto talento. El elogio me dio sensación de ser, explica (el artista). Suele decirse que el verdadero artista no sirve para otra cosa que para hacer arte. La variación de Koons de este lema sempiterno es que el arte era el único ámbito en el que podía competir.”

Casi al final del capítulo el artista se refiere a la angustia de la creación y concluye “La aceptación elimina la angustia y pone en juego todos los aspectos. Mi idea del arte tiene que ver con la aceptación.”

Si un adulto recuerda con tal intensidad el nivel de competitividad mantenido con su hermana durante la infancia y atribuye al hecho fortuito del reconocimiento de su talento por parte de sus progenitores a un dibujo, pareciera que todo se reduce a una cuestión de afecto. Afecto que representa ser aceptado y validado como individuo.

 

Vino a mi mente la anécdota de Koons a propósito de la reciente presentación del artista Eduardo Hoffmann en Pilará Art. Allí, el artista mendocino conversando sobre sus inicios en el arte, relató su sufrimiento al descubrir que por una condición física no podría seguir jugando al rugby -que era todo en su vida juvenil- y la actitud que tomó su madre al dejar sobre la mesa de luz un cuaderno rayado y un lápiz Faber comentado al pasar “dibujas bonito”. En su mundo, esto era una burla, no solo debía enfrentar un futuro lejos del deporte sino también el hecho que su madre le dijese que dibujaba bonito. “Sentía que mi madre no me entendía, yo con este drama y ella queriendo que dibuje”.

Pasaron los días sin que pudiese abandonar su cama y casi no advertía que su tía se recostaba en la cama de al lado para leer el diario por las mañanas. Hasta que un día, Hoffmann tomó el lápiz y la dibujó: sintió esa pulsión que es imposible de explicar con palabras y que lo ha llevado desde entonces a construir una imagen a través del color vibrante de sus pinturas.

 

Quizás haya sido el sol invernal que entraba por los ventanales del Club House de Golf, los blancos y confortables sillones, la presencia de los Springboks o la sumatoria de todo lo anterior, lo que construyó un clima ideal para el recorrido que Hoffmann propuso de su carrera profesional.

 

La iniciativa que Pilará Art inaugura con esta exhibición, además de acercar arte a sus vecinos, propicia la llegada de un público más amplio a esta propuesta urbanística que une deporte, cultura y vida en la naturaleza.

 

¿Pero qué sucede cuando extrapolamos a escenarios paradisíacos una obra? ¿Se aprecia del mismo modo? ¿Conmueve al público? ¿Construye otro paisaje?

 

En el caso particular de la obra de Hoffman distribuida en las paredes del Club House de Golf diseñado por Federico Álvarez Castillo, la luz natural –mucho más sutil que la artificial- permite descubrir distintas gamas en cada uno de los colores de la pintura. Ya sea en mayor o menor formato, las obras aquí exhibidas guardan el secreto que su autor no quiso revelar ante el público acerca de su técnica de producción.

 

Pensé en otras experiencias de aproximación al arte alejadas de las grandes ciudades, tales como The Glass House ubicada en las afueras de Manhattan, New York. Aquella casa pensada, soñada, construida y vivida por el inigualable Philip Johnson se erige desde 1949 como la máxima exquisitez del coleccionismo. Durante la visita guiada, describen que la intención de apreciar el paisaje debía de ser una experiencia de 360°, por eso no hay paredes y el formato de pabellón de su estructura hace que uno se integre completamente con la naturaleza. El mobiliario -especialmente pensado para no obstruir la vista en ningún aspecto-, lo funcional de su distribución, la ubicación en una altura intermedia muy bien pensada para apreciar el land art que se encuentra en su parte más baja y no ser visto desde el exterior del parque, son el resultado de un estudio meticuloso y del hecho concreto de haber adquirido todas y cada una de las propiedades lindantes que podrían haber complicado este objetivo.

 

Acercarse desde la casa hasta la pinacoteca que Johnson pensó en un formato muy similar a lo que hoy se construye para las cavas y los viñedos del mundo, o a su estudio o al espacio que resguarda las esculturas, solo requiere de una breve caminata sobre el verde césped que cubre toda la colina.

Es un hecho: aquí el arte se aprecia, conmueve y construye otro paisaje. Ese Basquiat que vi luego de visitar la casa de vidrio y caminar por su parque quedó en mi retina como el mejor de todos los que el artista produjo.

De modo que los aliento a visitar Pilará Art. Si tienen suerte y les toca un día de sol van a descubrir mucho más de lo que Hoffmann quiere develar sobre sus obras.

 

 

 

 

 

1 http://theglasshouse.org/explore/the-glass-house/

 

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