DONDE ESTÁ EL PELIGRO, CRECE TAMBIÉN LO SALVADOR



En 1587 Jan Sadeler (Holanda, 1550-1600) realizó una serie de grabados bajo el título “Cuatro elementos” entre los que se encuentra una pieza magnífica representando a la tierra. En la imagen, la Tierra aparece en una posición de precario balance. Por un lado, sus tonificados brazos se afirman a través de su mano izquierda sujetando una piedra y su mano derecha parece intentar afirmarse a través de una suerte de cetro. Su cabeza está baja y por sus párpados caídos podemos inferir el esfuerzo que debe hacer para sostenerse en un paisaje donde el extraccionismo de una mina cercana ocurre al tiempo que se ve en el fondo construcciones edilicias entre montañas casi sin árboles ni cultivos.


Aby Warburg nos enseñó a investigar las imágenes y encontrar en ellas una singularidad que se mantiene a través del tiempo transformándose todas y cada una de ellas en una suerte de contemporaneidad de un tiempo sin tiempo. Esa pervivencia de las imágenes nos guiará a través de los Fragmentos para la memoria de un paisaje de Milca Ronzoni.

Su pintura nos presenta un paisaje en el cual identificamos un bosque. Ya sea por las historias fantásticas o los cuentos infantiles, el bosque nos infunde el misterio del medioevo. Se solía decir que el hombre que en su búsqueda se adentra en el bosque es al mismo tiempo cercado por él. Sin embargo, la condición social establecía una diferencia citada en rima: mientras que “...el humilde lo penetró en busca de alimento; el señor, de diversión y sustento…”


Lo cierto es que el bosque como encierro y como vía nos plantea un enigma: ¿una arboleda que encarcela en su interior a quién se anime a introducirse dentro de ella, puede al mismo tiempo ser el medio para la liberación?


Al observar los fragmentos expandidos en los trabajos de Ronzoni podemos ver que la espesura del bosque se replica en formas muy diversas. Su materialidad y su forma se apropian poéticamente de signos que el ojo contemporáneo asocia con conceptos concretos. Mirar lo pequeño nos conecta con lo más profundo de nuestro ser, nos habilita a encontrar ese sentido perdido en las acciones humanas. Detenernos en el detalle, preguntarnos por el color, volver a mirar el fragmento y alejarnos para apreciar el bosque, ajustará la perspectiva necesaria para resolver el interrogante en cuestión.


En el grabado de Sadeler la imagen de la Tierra luce inestable. Hace cuatrocientos treinta y cinco años, su autor lo expresó a través de la posición del cuerpo y el gesto de sus manos.

Siguiendo las enseñanzas de Warburg, encontraremos estos mismos indicios en las obras de Ronzoni: signos contemporáneos de un tiempo sin tiempo. ¿Qué hacer entonces? ¿Desesperar en el encierro del bosque? Si tomaron debida nota de los fragmentos en las obras al comenzar el recorrido, habrán advertido que son la guía necesaria para salir del bosque, porque está claro que la Tierra está en peligro desde hace mucho tiempo y es aquí, en la tierra, donde crece su salvación.


Cecilia Medina





Patmos, Friedrich Holderlin, escrito entre 1800-1803

Earth, Jan Sadeler, 1587 https://www.nga.gov/collection/art-object-page.218981.html

El bosque en la vida medieval, Memorias Medievales, Nilda Guglielmi, Ediciones Culturales Argentinas, Subsecretaría de Cultura, Ministerio de Cultura y Educación, Argentina, 1981.