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¿QUÉ LÍMITES IMPONE EL IDIOMA CUANDO EXISTE UN LENGUAJE PLÁSTICO EN COMÚN?





Esta pregunta rondó mi cabeza mientras me adentraba en las producciones artísticas de María Laura Galeotti y Mirjam Elburn. Ellas habían coincidido en una residencia en España donde -en silencio- trabajaron y compartieron largas caminatas por la región. Durante esas caminatas descubrieron que coincidían en las metodologías de trabajo ya que recolectaban objetos e investigaban acerca de los materiales que los conforman.


María Laura Galeotti suele caminar por las playas de Mar del Plata -Argentina- recogiendo ramas, piedras y pequeños objetos que inspiran piezas de cerámica en su taller.


Mirjam Elburn recorre los bosques en Dargun -Alemania- sin buscar algo en particular, pero encontrando algunas piezas que llaman su atención.


Tanto Galeotti como Elburn conservan los objetos hallados. Aunque a veces no sepan muy bien qué hacer con ellos tienen la certeza de que lo sabrán cuando alguna experiencia o sensación las haga ir en su búsqueda. Porque es claro que al momento en cada uno de ellos conectó con su mirada, resignificaron el modo de habitar el tiempo.


Así como el fuego deja su marca en la cerámica, también lo hace la luz sobre el papel o la tela. Esas huellas texturizadas replican en los modos de construir imágenes conectando entre sí las obras de Galeotti y Elburn.


El color se convierte en guía en el recorrido por el Salón Jorge Luis Borges de la sede de la Embajada de la República Argentina en Berlín. Sus tonos, producidos con rosas, azafrán, espirulina y cebollas transmiten memorias y evocan sensaciones que el cuerpo conserva en silencio.


Imprimir una imagen sobre una superficie a través de la naturaleza constituye la poética de estas obras. Construir específicos medios de montaje, para que las mismas ocupen el espacio expositivo sin las tradicionales estructuras, es un gran desafío que ambas artistas han podido superar.


Producir desde lo desconocido, imaginar una huella y un color, son los primeros pasos de una obra imperfecta. Una obra que carece de aspiración prístina para su manufactura y que será por siempre evocada desde la posibilidad humana de trabajar con las propias manos lejos de elementos industriales que se interpongan en la creación.


Al iniciar este recorrido nos preguntamos ¿Qué límites impone el idioma cuando existe un lenguaje plástico en común? De seguro cada uno de Ustedes ya descubrió que Galeotti y Elburn dialogan a través de sus obras, en silencio, sin estridencias, pero con la más sólida de las cualidades, la de tener un lenguaje plástico común.



Cecilia Medina


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