EN ESTADO EXACTO


A comienzo de la década del setenta, Victor Grippo puso a prueba a sus contemporáneos al conjugar sus conocimientos de química con su vocación artística. En el marco de un cargado clima político, presentó en Buenos Aires su serie Analogías o, como le gustaba llamarlas coloquialmente, “las papas con el cablerío”. Utilizando papas, electrodos, cables de cobre y zinc, obtuvo corriente eléctrica, la cual demostró empíricamente la capacidad energética de estos tubérculos y al mismo tiempo constituyó un aporte al arte conceptual.

Cuarenta y siete años después, Celeste Fresedo utilizará papas para llevar adelante una de las acciones performáticas que componen Mi cuerpo, un eterno turista. Dará forma a una imagen que está muy presente en su obra: la Venus de Willendorf. ¿Liberará acaso la energía contenida en ellas?

Son muchas las preguntas que nos dispara esta acción artística: ¿Por qué retomar un tema que parece agotado?¿Por qué evocar una forma/figura que remite a paradigmas no resueltos?

La pequeña figura femenina o desnudo femenino - como se conoce a la Venus de Willendorf - ha lidiado desde su hallazgo con preconceptos sobre su origen y simbología, además de curiosos análisis sobre su significado. Sus descubridores la denominaron Venus (en la mitología romana esta deidad estaba relacionada con el amor, la belleza y la fertilidad), pero los científicos más escépticos no avalan esta teoría: por el contrario, atribuyen esas formas sobredimensionadas al material utilizado, es decir a la piedra caliza paleolítica.

Esta pequeña pieza de once centímetros de alto que cabe en una mano data de entre 28000 y 25000 años antes de Cristo. Pudo ser ese el lugar en el cual la llevaban quienes necesitaban de ella o quizás su pequeño formato responda a la necesidad de tenerla próxima durante un ritual.

En la performance, tal como lo concibe Diana Taylor (Directora del Centro de Estudios Performáticos de la Universidad de Nueva York) tiene lugar un presente continuo de tiempo y cuerpo donde los actuantes son y evocan. Los actos están en constante renovación. Como en los rituales, la dualidad cobra protagonismo; poniendo en escena la voz que incluye a todas las voces (pasadas y futuras), transmitiendo la memoria y al mismo tiempo dando lugar a su renovación.

Cumpliendo con la premisa de su coterráneo Grippo, la performance de Fresedo contribuye a la concepción de un ser humano más completo, ético e integrador de múltiples experiencias, en oposición a la fragmentación a la que nos somete la sociedad contemporánea. Mi cuerpo, un eterno turista se nos brinda como un arte en estado exacto: el humano.