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UN SENTIDO ACTUAL, NECESARIO Y COTIDIANO

July 22, 2019

Asistimos hoy en Buenos Aires a interminables filas de visitantes que rodean el perímetro del Malba con el objetivo de ingresar y recorrer las instalaciones de Leandro Erlich. Lejos del record de público que convocara con la exhibición de Yayoi Kusama, el museo da pelea con esta propuesta de entretenimiento oportuna para la fecha de vacaciones de invierno donde las familias podrán –en caso de que no lleguen a Disney- experimentar la felicidad del ilusionismo local.

 

Afortunadamente, hay otros museos. Museos que fueron pensados desde objetivos algo más elevados que la aspiración al liderazgo en el mundo de las “selfies”. Algunos de ellos, incluso se animan a temas históricos con presentaciones innovadoras e inmersivas que hacen del recorrido una experiencia única.

 

Supe recientemente de la existencia del Museo de la Constitución a raíz de mi viaje a Santa Fe, donde concurrí para acompañar a Martín Lapalma en la inauguración de su primera muestra individual en el Museo Sor Josefa Díaz y Clucellas. Durante las pocas horas que visité la ciudad, fueron varias las personas que insistieron en que “ese museo” era el único que no me podía perder. Saber que les fallaría a todos los demás, hizo que pusiera muy altas expectativas en mi visita.

 

¿Por qué hacer un museo alrededor de la Constitución de un país? 

 

Quizás sea oportuno aclarar el valor que la Constitución de 1853 tiene para Santa Fe y para cada santafecino. Por ejemplo, en épocas en que la televisión no funcionaba las veinticuatro horas, existía algo que se llamaba “señal”, que emitía música con una imagen fija hasta tanto se daba inicio a la programación. Para Santa Fe esa imagen fue siempre el cuadro de los Constituyentes del 53 realizado en 1935 por Antonio Alice, que fuera pedido en préstamo por el Congreso Nacional y jamás devuelto.

 

Pero tal es el compromiso de Santa Fe con la Constitución que, en cuanto el Dr Hermes Binner asumió como gobernador de la provincia, lo primero que hizo fue convocar a un artista para que realizara una obra en la Legislatura que ocupase el lugar vacío dejado por el cuadro prestado al Congreso. Dicen que buscó a un artista que supiese de murales, porque las dimensiones de la Legislatura así lo requerían, y no dudó en convocar a Guillermo Roux, de quien admiraba el mural realizado en el edificio proyectado por Cesar Pelli Torre Boston.

 

Guillermo Roux cuenta que se sentía cansado a sus 80 años para embarcarse en semejante obra, pero recuerda que el Dr Biner le tomó el pulso y le dijo: “¡Usted está perfecto, así que comience a dibujar!”

Hoy “La Constitución guía al pueblo” es una obra sin precedentes: el artista logró consensuar con los bloques de cada partido y llevó adelante la representación del rol fundamental que la Constitución tiene en nuestra vida como ciudadanos.

La Legislatura cuenta con un programa cultural alrededor de esta obra. Los alumnos de todas las escuelas de Santa Fe asisten para conocerlo en concordancia con el momento en que aprenden la división de poderes dentro de la programación escolar. Al recibir invitados especiales y representantes diplomáticos, el área de Ceremonial de la Legislatura realiza una visita guiada especial donde remarcan con orgullo lo que el mural representa en sus vidas; y sin temor a equivocarme, puedo afirmar que es uno de los datos necesarios para entender el Museo de la Constitución.

 

El predio en el cual se encuentra dicho museo es llano, verde e invita a acercarse al río paulatinamente. Ya en el ingreso la presencia de una piedra fundamental de grandes dimensiones con parte del preámbulo tallado en su frente impone respeto. Al recorrerla, podemos advertir que la misma está enterrada por debajo de los cimientos del museo, y el guía señala que así es como debe ser: la ley está firmemente asentada y por encima de todos nosotros.

 

En la primera sala se presenta una selección de reproducciones de códigos y normas que han constituído a lo largo de los siglos las bases de la convivencia: el Código de Hammurabi, la Constitución de Francia, la de Estados Unidos y escritos en rollos de varias culturas.

Esta introducción contextualiza apropiadamente el lugar que la incipiente Nación Argentina ocupa en la historia universal. 

En el suelo la presencia de una profunda grieta traspasará las salas como símbolo de la falta de unidad, al igual que la ubicación de todos los bustos de los referentes históricos unitarios y federales: de espaldas y de frente a un espejo. 

Un detallado recuento de batallas, víctimas, armas y municiones dimensionan el alcance de esta grieta. La descripción biográfica de los personajes históricos desgrana las rivalidades que hubo entre ellos.

Pero aquí hubo hombres y mujeres. Los retratos de las mujeres que fueron protagonistas a la hora de sentar las bases de la organización nacional son los de Margarita Agustina Weild, Dolores Costa, Angela Baudrix, Mariquita Sanchez, Encarnación Ezcurra, Aurelia Vélez y una mujer del pueblo que representa a la mujer del soldado desconocido.

 

En el espacio intermedio y próximo al final de la grieta, se encuentra una maqueta de la ciudad de Santa Fe de la Veracruz sobre la que se relata el transcurso de los meses en que se gestó la Constitución, la vida de una ciudad alterada por la presencia de tantos representantes y conmovida por la solemnidad del acontecimiento que tenía el privilegio de atestiguar. En este punto, la utilización de mapping y recreaciones en sonido mantienen a niños y adultos con el máximo de atención durante algo más de 10 minutos plagados de referencias históricas.

 

La Constitución ha sido sancionada y llega el momento de recorrer un pasillo oscuro donde a cada paso se enciende a nuestros pies el texto con los derechos y garantías que aseguran las libertades civiles y los derechos fundamentales. Este camino nos llevará al ciudadano en el cual se ha convertido cada habitante de esta nación, y finalizará el recorrido accediendo al espacio común que antecede al auditorio. Allí, la vista plena del río nos hace dimensionar el agreste paisaje donde se gestó nuestro código de convivencia.

Durante el discurso inaugural del mural de la Legislatura, Guillermo Roux se dirigió a los diputados y senadores mencionándoles que allí frente a ellos tenían al pueblo para el cual estaban legislando, y que ese pueblo marchaba junto sin agresiones ni violencias otorgándole a ellos la defensa de sus derechos.

 

Santa Fe y su Museo de la Constitución nos obligan a reflexionar sobre lo que un museo debe hacer, sobre su misión, su visión, su diseño, su arquitectura y su relación con la comunidad. 

 

Esta misma semana, la escritora Ahdaf Soueif, miembro de la junta directiva del British Museum, describía que su desvinculación del museo se debía a que el mismo fallaba en su rol con la comunidad al no ocuparse responsablemente de las injusticias sociales, las consecuencias del cambio climático, las consecuencias del colonialismo, la democracia, la ciudadanía y los derechos humanos. Sabemos que BP es el mayor sponsor de esta institución y que su director se negó a cancelar el acuerdo que los une cuando la explosión en el golfo de una de sus perforadoras liberó al océano 4.9 millones de barriles de petróleo, una de las mayores tragedias ecológicas de la historia.

Y fue también esta semana que el Museo Louvre de París retiró el apellido Sackler de las salas donde hasta ahora figuraba como sponsor a raíz de la presión de las protestas que los movimientos como P.A.I.N, liderado por la artista Nan Goldin, quienes luchan contra el laboratorio de esta familia, productor -entre otra sustancias- de Oxycontin, el opioide más adictivo del mundo.

 

 

Los ejemplos de Paris y Londres señalan el rol fundamental que el arte tiene actualmente en el establecimiento de parámetros éticos para que los financiamientos dejen de ser el modo de lavar la cara de los corruptos, como así también, la preocupación por el contenido cultural en las programaciones de los museos.

No pareciera que en Buenos Aires esto encontrase eco alguno. Afortunadamente, como en 1853, Santa Fe vuelve a convocarnos con su calidad profesional y sus nobles intenciones para que recorramos un museo donde sí importan los contenidos, donde se hace crítica, donde la utilización de los nuevos medios producen el deleite del visitante sin necesidad de entretenerlo. 

 

Debemos a Héctor Berra el diseño museográfico del Museo de la Constitución, y debemos a cada santafecino el cuidado que han mantenido a lo largo de todos estos años de nuestra ley fundamental de Estado, la cual Roux ha representado en su mural con la imagen de una mujer cuya figura no es “…griega ni romana, no lleva gorro frigio ni pliegues fuera del tiempo, es de hoy, viviente y deseable como una hermosa mujer argentina, porque es hora de darle a nuestros símbolos un sentido actual, necesario y cotidiano…”

 

 

 

1. Actualmente ocupa la pared de la Sala de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación.

2. El Código de Hammurabi es uno de los conjuntos de leyes más antiguos que se han encontrado y uno de los ejemplares mejor conservados de este tipo de documentos creados en la antigua Mesopotamia. Se basa en la aplicación de la ley del Talión, y es también uno de los más tempranos ejemplos del principio de presunción de inocencia, pues sugiere que el acusado o el acusador tienen la oportunidad de aportar pruebas. Fue escrito en 1750 a. C. por el rey de Babilonia Hammurabi, donde unifica los códigos existentes en las ciudades del imperio babilónico. Actualmente está conservado en el Museo del Louvre de París.

 

 

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