CUANDO EL SOL SE LANZA POR EL CIELO


Anhelando liberar al hombre del miedo a la muerte, Lucrecio escribió un poema explicando la naturaleza de las cosas. De rerum natura fue olvidado durante siglos y recuperado accidentalmente en 1417 en un monasterio alemán. El hallazgo se lo debemos al humanista italiano Poggio Bracciolini, quien al igual que algunos de sus contemporáneos recorría abadías en busca de libros. Cuesta imaginar los motivos que llevaban a emprender estas aventuras en una sociedad analfabeta casi en su totalidad. Excepto por este dato de 1330: la reconstrucción de la monumental Historia de Roma desde su fundación junto al hallazgo de piezas de Cicerón, Porpercio y otros autores. Libros ocultos por cientos de años, eran leídos, copiados, comentados y editados para luego llegar a las manos de celosos compradores.

Carecemos de certezas sobre el modo en que Poggio Bracciolini habilitó el enriquecimiento del Renacimiento con las ideas de Lucrecio. Sin embargo, podemos encontrar la luz de algunas de ellas en la modernidad.


¿Pero qué hacía a estas ideas tan peligrosas para ser guardadas con tanta determinación?

Entre sus afirmaciones, Lucrecio consideraba que lo que los seres humanos pueden y deben hacer, es dominar sus miedos, aceptar el hecho de que tanto ellos como todas las cosas son efímeras y por tanto aprovechar la belleza y el placer que ofrece el mundo. Sí, esto nos decía en su poema en el siglo I a. C.


Cuando el sol se lanza por el cielo, se propone tomar el legado de Lucrecio para explorar este particular tiempo que nos ha tocado vivir reuniendo en las salas del Centro Cultural Coreano las obras de Santiago Estellano, Cristina Portela, Gabriela Soria, Sofia Sarmiento, Martín León, Milca Ronzoni, Silvina Cerminara, Lucia Warck Meister, Pilar Lucero, Cecilia Soldano y Adriana Antidin.

Sus obras -en soportes tan disímiles como imagen en movimiento, pintura, collage, escultura, dibujo, porcelana, textil, fotografía y arte digital- construyen una visión plástica del escenario mundial actual, permitiéndonos establecer puntos de contacto entre la Argentina y Corea a través de la naturaleza de sus búsquedas y preocupaciones.


Cristina Portela nos enfrenta al primero de los desafíos. Sus Ficciones Piadosas nos preparan para entender lo extenso y diverso de este mundo: un número que no sigue orden lógico alguno demuestra la imposibilidad de fijar la cifra de humanos que habitamos el planeta en cada momento. Otras limitaciones humanas se nos presentarán en las imágenes que se continúan en la pantalla, pero lejos de bloquearnos en este inicio, debemos afrontarlas para conocedores de su existencia retar sus límites.


El número infinito de Lucia Warck Meister contiene materiales que por su fragilidad y volatilidad tensionan el espacio. Advertimos un aroma en la sala que invita a cerrar los ojos para descubrir a qué se refiere. Cada magnolia -rígida y endeble- evoca lo efímero de la flor aunque contenidas dentro del círculo parecen protegidas de su inherente temporalidad.


Levantamos la vista y la forma circular cambia en su materialidad. Transfusión de Pilar Lucero también contiene flores, esta vez entrelazadas por textiles que en sus idas y vueltas tejen la sensación de un mullido refugio donde reposar por un instante para volver a comenzar.

Las piezas de madera en chapa de Silvina Cerminara están enmarcadas por títulos que son en sí el nudo de nuestro tiempo: El lazo vacío, Lazos afectivos y Habitar lo que queda. El lazo como aquello que nos une a los modos de habitar que entraron en tensión en los últimos años, contenidos por cúpulas de acrílico que no permiten salir de esa elipse llamada realidad.


Gabriela Soria abre las páginas de sus Cuadernos de investigación I y II concediendo a cada uno de nosotros el privilegio de descubrir su trabajo. Imágenes, palabras, hilos, colores, construyen un diario de obra que es arte en sí mismo. Al tiempo que nos habilita a navegar entre ideas que conocerán la forma artística a su tiempo, pone también luz sobre todo aquello que sus avezados ojos descubren a cada momento. Llevar el registro de ello, permite tener entre manos la génesis del todo.


Alejándonos de la certeza de lo escrito en aquellas páginas, nos aventuramos a la experiencia de la atmósfera y sus reflejos. A través de Una concentración de relatos en abstracto, donde Cecilia Soldano se vale del juego entre luces y sombras sobre papeles símil metal que nos impresionan texturados con óleos y pigmentos. La visión es traicionera pero estamos privados de la constatación táctil de la obra. De modo que nos resignaremos -al menos por un tiempo- a convivir con la duda, aquella que aunque pequeña y esquiva mantiene viva la posibilidad de creer en las certezas.


Frente a los collages de Santiago Seste el ojo no descansa. Covid Girl y Niños floreciendo son pruebas de una misma técnica expresada en su modo analógico y en su modo digital. Las flores de ambas obras son tan reales como su manifestación, aunque unas sabemos estuvieron en una página que el artista recortó para construir el collage y las otras han nacido y concretado su función en un espacio digital. ¿Las hace acaso a unas mejores que otras?


Antes de responder esa pregunta, acerquémonos a Recorriendo historia y Leak donde Sofia Sarmiento y Martín León tomaron el desafío de deconstruir un paisaje en sus elementos cromáticos para llevarlos a una abstracción. Las fotos del viaje de Sarmiento a Corea son el punto de partida para la obra de León. Bellísimos en su carga poética nos insisten en esta lucha de mundos de imágenes tomadas de la realidad e imágenes creadas a partir de ella.


Milca Ronzoni se vale de la pintura sobre tela con y sin bastidor, la pintura sobre madera, dibujos y tintas sobre papel para construir un Bosque Rojo. En él reconocemos la figura estilizada de árboles que podrían estar iluminados por el sol o ser recorridos por el mismísimo fuego. ¿Qué distancia tan frágil existe entre ese calor que reconforta y aquel que consume, verdad?


Lo que es cierto y seguro es que la fragilidad ha quedado expuesta en nuestras vidas desde que la palabra pandemia nos atraviesa a todos y cada uno de los que habitamos este planeta. Y es por eso que las palabras de Lucrecio toman la misma relevancia que halló en ellas Poggio Bracciolini hace 604 años atrás: todo es efímero, nosotros y lo que nos rodea.


¿Dónde encontrar entonces la belleza? Una posible respuesta yace allí mismo, en lo efímero de la naturaleza.

De modo que la obra de Adriana Antidin Actias luna y Zigena de seis puntos son nuestro mejor modo de tomar su consejo: aprovecharemos la belleza que nos ofrece el mundo al contemplar una mariposa cuando el sol se lanza por el cielo.


Cecilia Medina







De la naturaleza de las cosas, Lucrecio. Edición de Agustín García Calvo. Cátedra, Letras Universales. 14º edición, 2020. Madrid.

El Giro, Stephen Greenblatt. Crítica. 1º edición, Septiembre 2012. Barcelona.